Para cuando conseguí los clientes, ya había despedido a quien sabía atenderlos.

Voy a contarte cómo llegué ahí. Lo que a mí me costó el negocio, a ti puede costarte solo el rato de leer esto.

Empecé a estudiar. No con libros: con la necesidad de sacar mi negocio adelante.

Los prospectos entraban caros y de mala calidad.

Cuando me cansé de la agencia que había contratado, empecé a pedir recomendaciones a otros dueños de negocio para cambiarme.

Y ahí me di cuenta de que era mucho peor de lo que creía.

No era el único. Varios amigos y conocidos llevaban años pagando publicidad sin ver un beneficio claro: unos sacaban lo justo para que la inversión no fuera una pérdida, otros ni eso.

Uno llevaba dos años pagando para conseguir cuatro pacientes. Cuatro, en dos años.

Que captes gente no significa que tu comunicación esté funcionando.

Que los demás hagan lo mismo no significa que les esté funcionando a ellos.

Que la media sea mediocre no te hace bueno.

Que algo funcione no significa que esté bien hecho: casi siempre se puede hacer mucho mejor.

Y que los números suban no significa que las ventas suban.

Me encantaría vivir con la seguridad de estos tipos.

No sé qué valores tienen la mayoría de agencias de marketing.

Pero lo que sí sé es que su negocio no depende de tus resultados.

Su negocio es tener el máximo número de clientes posibles.

Y así terminas quedándote con las malas. O pensando que el marketing no funciona.

Si estás feliz con tu agencia, felicidades: encontraste la aguja en el pajar. Puedes dejar de leer.

A menos que quieras quedarte a ver cómo fracasé en mi propio negocio. De eso se aprende más que de un caso de éxito.

Tenía un negocio de servicios de salud en Ciudad de México. Local físico, ticket alto, y un radio de captación de diecisiete kilómetros.

Pagué una agencia durante un año. No funcionó.

Doce campañas a la vez. En cuatro meses quemamos $34,700 solo de pauta, sin contar el pago a la agencia: el 38% de todo lo que invertiríamos en el año siguiente.

Los últimos meses con la agencia teníamos reuniones de horas en las que yo acababa corrigiendo el contenido y explicándoles por qué estaba mal lo que hacían.

Hasta que me hice la pregunta obvia: si voy a perder estas horas enseñándoles y arreglando lo que me entregan, ¿por qué no los despido y lo hago yo?

Llevaba meses formándome en comunicación, persuasión y copywriting, con asesorías de expertos, y aplicándolo poco a poco. Lo único que me detenía era el miedo a la interfaz de anuncios de Meta.

Cuando por fin despedí a la agencia, ya había despedido a parte del personal clínico y a la vendedora, todo con semanas de diferencia. Las cosas no estaban funcionando como creía al principio y no quedaba otra. La persona de recepción pasó a llevar los prospectos porque era lo que había.

Cuando por fin me animé y subí yo la pauta, los resultados cambiaron desde el primer día. El costo por conversación pasó de $125 a $15, y en febrero conseguí 828 solicitudes con una sola campaña, a 25 pesos cada una.

Y ahí entendí lo que había hecho.

Para cuando conseguí los clientes, ya había despedido a quien sabía atenderlos.

La persona de recepción y yo tardamos meses en aprender a gestionarlos y convertirlos. Cada problema que resolvíamos destapaba el siguiente, y el dinero bajando cada día.

Recorte tras recorte, hasta que terminaron asfixiando a la empresa.

Ese negocio sigue en pie: encontré la forma de que funcionara sin mí y me salí de la operación. Lo que aprendí a la fuerza es a lo que me dedico ahora.

Sé vender anuncios, y tengo dos años de datos que lo demuestran.

Y fue aprendiendo a hacerlo cuando entendí dónde se queda de verdad el dinero: no solo en captar gente, sino en saber convertirla.

También descubrí que la mejor forma de conseguir clientes, y de tener más contentos a los que ya tienes, es el correo.

Si crees que el correo está muerto: no existe una sola red social donde puedas abrirte una cuenta sin dar un correo.

Con anuncios, cada vez que quieres llegar a alguien vuelves a pagar. Aunque ya te haya comprado tres veces.

Con el correo pagas una vez por conseguir el contacto. A partir de ahí, cuándo le hablas y cuánto lo decides tú, no Meta.

Tu lista te pertenece. Tu audiencia en Meta, no.

Y algo que casi nadie dice: el objetivo de una lista no es que sea grande, es que sea buena. Que alguien se dé de baja no es un problema, es limpieza. No quieres estar hablándole a quien no conecta con lo que vendes.

Además el correo te devuelve información: qué les interesa, qué ignoran, qué compran. Eso sirve para venderles mejor y para que estén más contentos con lo que ya te compraron.

No somos tu agencia. Tampoco tu equipo de marketing.

Somos dos: Enrique y José María. Escribimos nosotros, no delegamos.

Lo único que se compra hoy es una asesoría.

Estudiamos tu negocio entero: tu web, tus anuncios, tus correos, qué le dices a tu cliente en cada punto por el que pasa.

Te entregamos por escrito lo que probablemente no estás viendo, y qué hacer con ello.

400 dólares, una sola vez. Es tuyo, trabajes con nosotros después o no.

Si al terminar los dos vemos que tiene sentido, nos hacemos cargo de tu correo: lo escribimos, lo mandamos y te decimos cuánto dinero hizo.

Eso son 800 dólares al mes más un porcentaje de lo que generemos por ese canal. Hoy. Con los primeros casos de éxito, para clientes nuevos serán 2,000 — y la única forma que tenemos de llegar ahí es que a los de ahora les vaya bien. Ese es todo nuestro interés, y no tenemos otro.

Nuestras tarifas no se negocian. Si no le ves el valor, no pasa nada: te quedas como estás y aquí no ha pasado nada.

Elegimos con quién trabajamos. Por eso estudiamos primero: si al terminar la asesoría quieres el servicio pero no nos vemos capaces de sacarlo adelante, te decimos por qué y qué puedes hacer tú para llevar el negocio al siguiente nivel.

Y para dejar de meter recursos donde no hacen falta. Que recursos no es solo dinero: también es tu tiempo.

Ya vi de cerca lo que pasa cuando el marketing empieza a funcionar y el negocio no aguanta lo que entra. No te lo voy a hacer a ti: puede que antes tengas que preparar un par de cosas, y eso también sale en la asesoría. Empezar sin eso resuelto es quemar dinero.

Si has llegado hasta aquí, ya sabes si esto es para ti.

Déjanos tu correo. Te escribimos nosotros dos, no un formulario.

Si no encajamos te lo decimos en el primer correo y no te hacemos perder el tiempo.

Tu correo solo lo usamos para escribirte nosotros dos: ni lo vendemos ni lo cedemos. Cómo tratamos tus datos.

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